Tipos de muerte

 

muerte-real

Muerte Real

  • La vida depende del funcionamiento de la circulación, la respiración y el sistema nervioso que mantienen el ciclo del oxígeno. Así pues, la muerte real se produce cuando estas dejan de funcionar.

 

muerte-aparente

Muerte aparente

  • En cambio, la muerte aparente, es un estado pasajero que en dichas funciones sólo parecen abolidas y se caracteriza por la inmovilidad y ausencia aparente de circulación y de respiración. Como sucede con la catalepsia que puede durar hasta tres días con la reducción de la respiración, la digestión y el latido, además, provoca la rigidez del cuerpo y no responde a estímulos visuales ni táctiles.

 

muerte-natural

Muerte natural

  • La muerte natural es cuando el fallecimiento se produce sin que intervenga una fuerza extraña al organismo. Por lo tanto, la muerte natural es la consecuencia de procesos fisiológicos o patológicos del organismo. Por ejemplo, la muerte de personas ancianas a causa del deterioro natural fisiológico de su organismo.

muerte-violenta

 

Muerte violenta

  • La muerte violenta se produce cuando una persona fallece por causa de alguna intervención externa a la víctima. Hay tres tipos de muerte violenta:

- Homicida: muerte violenta en la que existe alguna conducta criminal por parte de alguna persona.

- Suicida: Se denomina así a la muerte violenta en la cual es la propia víctima la que decide voluntariamente poner fin a su vida.

- Accidental: muerte violenta sin implicación criminal de nadie y ocasionada en contra de los deseos de la víctima.

 

muerte-subita

Muerte súbita

  • La muerte súbita:  Son muertes que ocurren sin antecedente de alguna enfermedad.

21 Gramos

alma

El Doctor en Medicina Duncan MacDougall, de Haverhill, Massachussets, en el año 1901,   realizó experimentos que consistían en transportar a enfermos que estaban a punto de morir a una balanza de tamaño industrial para pesarles antes y después de su muerte. Concretamente, cuatro enfermos por tuberculosis, uno por diabetes y otro por causas desconocidas.

Sus sujetos de experimentación fueron seis enfermos terminales, de los cuales solo señala su diagnóstico, su sexo, y que se encontraban agonizantes. Cuatro pacientes habían sido diagnosticados como tuberculosos, uno sufría coma diabético y del último no se precisa dato alguno. Cada uno de ellos fue mantenido en observación (garantizándose su comodidad) hasta que sobrevino la muerte. Y los resultados fueron:

  • Paciente N° 1: Según las notas del propio MacDougall: El paciente, agonizante, fue perdiendo peso poco a poco a un ritmo de 28,35 gramos por hora debido a la evaporación de la humedad a través de la respiración y la evaporación del sudor. Durante las tres horas y cuarenta minutos que duró el proceso mantuve el final del astil de la balanza un poco por encima del punto de equilibrio y cerca de la barra limitante superior para que la prueba fuera más concluyente en caso de que se produjera la muerte. Transcurridas tres horas con cuarenta minutos, el paciente expiró y, de golpe y coincidiendo con la muerte, el final de astil bajó y golpeó de forma audible la barra limitante inferior y permaneció allí sin rebotar. La pérdida de peso se estableció en 21,26 gramos.
  • Paciente N° 2: pérdida de 45,84 gramos en los dieciocho minutos que transcurrieron desde el cese de la respiración hasta que estuvieron seguros de su muerte”.
  • Paciente N° 3: pérdida de 14,22 gramos coincidiendo con la muerte, y una pérdida adicional de 28,43 gramos pocos minutos más tarde, 42,65 gramos en total.
  • Paciente N° 4: MacDougall consideró esta prueba no tenía valor, debido a que la balanza no pudo ser bien ajustada por la interferencia de personas opuestas a su trabajo.
  • Paciente N° 5: en este caso, se registró una pérdida inicial de 10,66 gramos simultáneamente con la muerte, pero luego el fiel de la balanza regresó espontáneamente a su posición inicial y se mantuvo allí durante quince minutos a pesar de retirar los pesos.
  • Paciente N° 6: esta prueba también resultó invalidada al fallecer el paciente antes de que la balanza fuera calibrada.

Duncan-MacDougall

MacDougall también efectuó un experimento control. El doctor solicitó 15 perros moribundos pero al no poder conseguirlos decidió envenenar a 15 perros sanos, para pesarlos en el momento de la muerte, pero descubrió que su muerte no implicaba ninguna pérdida de peso, lo que supuso que los animales no tenían alma.

Los resultados de Macdougall fueron publicados en el New York Times de 1907, generando mucha aceptación del público. Pero, ¿Realmente es el alma lo que perdemos al morir?

Es posible sospechar en la pérdida de gas intestinal, pero hubieran sido detectables fácilmente por su volumen o del aire pulmonar pero MacDougall comprobó que las inspiraciones y espiraciones forzadas no alteraban el equilibrio de la balanza. Los diferentes fallos que tuvieron lugar en el experimento, fueron:

  • Excasa descripción general del procedimiento y de los datos de los pacientes.
  • No se definió un criterio para definir cuál era el momento exacto de la muerte. Como ocurrió con el paciente nº2 que a pesar de dejar de respirar aparentemente continuó teniendo espasmos durante 15 minutos, cuando este tiempo pasó se comprobó la ausencia de latidos cardíacos.
  • No se establece un límite fijo para comprobar la pérdida de peso, ya que, en algunos caso la pérdida de peso es instantánea y en otras ocurre pasados unos minutos.
  • La balanza no era adecuada para comprobar pesos de bajo nivel.
  • Incluso MacDougall reconoce que se requiere una mayor cantidad de experimentos.

Por si esto fuera poco, el físico Augustus P. Clarke ya destripó el artículo de MacDougall en su día, aportando hipótesis más sólidas a ese decremento del peso del muerto, Clarke señaló que:

En el momento de la muerte se produce un repentino incremento de la temperatura corporal debido a que los pulmones dejan de enfriar la sangre y que el consecuente incremento de la sudoración podría explicar fácilmente los 21 gramos de menos de MacDougall. Clarke también apuntó que los perros carecen de glándulas sudoríparas (de ahí el incesante jadeo) y por eso no es de extrañar que su peso no sufriera ningún cambio súbito al morir. En consecuencia, los resultados de MacDougall fueron relegados al montón de curiosidades científicas consideradas “casi con toda seguridad falsas”.

En conclusión los “21 gramos” quedan reducidos a una leyenda basada en un experimento mal hecho, que hasta la fecha nadie parece ansioso de repetir.

¿Qué se siente al morir?

penny-sartoriMuchos tanatólogos dicen que el instante antes de morir no duele, sino que se siente un gran alivio. De hecho, muchos que han experimentado la muerte y han vuelto, han deseado  volver a ese estado.

En 1998, Penny Sartori, una enfermera investigó durante 10 años las experiencias de 300 pacientes que sufrieron infartos y que estuvieron al borde de la muerte. De estas personas, 15 le narraron su experiencia, se vieron flotando sobre sí mismo fuera de su cuerpo en la misma habitación en la que se encontraban pero el techo había desaparecido. También recordaban todo lo que pasaba en la habitación a pesar de estar inconscientes con los ojos cerrados. Luego comenzaban a viajar por un túnel que los llevaba a una luz brillante donde le esperaban sus seres queridos con los que se comunicaba por telepatía o se encontraban con una figura que les decía que su hora no había llegado todavía o vieron toda su vida proyectada en un instante. Finalmente, los individuos flotaron de regreso a su cuerpo y otros se despertaron súbitamente.

Aunque algunas de estas experiencias pudieron deberse  por el efecto de las endorfinas o falta de oxígeno.

¿Qué le sucede al cuerpo?

cuerpo-frio

Enfriamiento

Después de morir, el cuerpo se enfría gradualmente hasta que alcanza la temperatura del medio que le rodea pasadas las 24 horas. No obstante, el tiempo de enfriamiento difiere en relación al clima, su ropa, el lugar, etc.

El enfriamiento comienza en el rostro y las extremidades, ya que en 2 horas pierden su tempera. Por el contrario, las zonas abdominales: el cuello, axilas y órganos abdominales internos, tardan 24 horas.

rigidez

Rigidez

Al morir, en circunstancias normales, los músculos del cadáver quedan flácidos y en estado de relajación. Al pasar entre 3 y 6 horas de la muerte, se produce gradualmente una contractura muscular que provoca la dureza y retracción de los músculos volviéndolos rígidos y tensos. La rigidez comienza en la cabeza entre las 8 y 12 horas después del fallecimiento y desciende hasta los pies, llegando a su máxima intensidad a las 24 horas desde su muerte y comienza a desaparecer entre las 36 y 48 horas de pies a cabeza, momento en que se inicia el proceso de putrefacción.

Otro tipo de rigidez es el espasmo cadavérico, poco frecuente, al producirse de forma inmediata al morir principalmente en algunas muertes violentas y que produce la contracción de algunos músculos. Este tipo de rigidez es “in morten” mientras que la anterior es “post morten”.

Suele darse en los suicidios cuando la víctima se dispara sobre el cráneo y el arma, u otro objeto, se queda agarrada en su mano. También puede producirse en la expresión que tenía en el instante de su muerte.

 

Livideces cadavéricas

Con la muerte, y el cese de la actividad cardiaca, la sangre queda a expensas de la gravedad. Por ello, desciende y ocupa partes en declive del organismo, provocando en la piel manchas, llamadas livideces cadavéricas, de color violáceo o rojo oscuro visibles al pasar una hora y media desde la muerte.

Las livideces aparecen según la posición del cadáver, si se encuentra boca arriba, las manchas aparecerán en la zona de la espalda que no tome contacto con la superficie en la que se halle.

Entre las 12 y 15 horas después de la muerte, las manchas llegan a su máxima intensidad hasta que a partir de las 30 horas dejan de producirse.

putrefaccionfinal

Putrefacción

Es el signo más seguro de la muerte. Las bacterias que se encuentran en los intestinos para hacer la digestión de alimentos en vida, se transportan por los vasos sanguíneos nutriéndose de su sangre coagulada e iniciando el proceso de descomposición. Después, los huevos de larvas que se encuentran en los intestinos colaborarán en la putrefacción. Por esta razón, los carniceros, desde la antigüedad, desangran al animal en primer lugar para que la carne tarde en pudrirse.

El cerebro es el órgano más débil ante la putrefacción y el corazón el más resistente. Con la putrefacción aparecen numerosas substancias que provocan desagradables aromas, para evitar esta pestilencia, los humanos enterramos los cadáveres.

Después de las 24 horas de la muerte, aparece una mancha verde abdominal que certifica el estado de descomposición del cadáver. Además, el abdomen se infla hasta dos o tres veces su tamaño a causa de los gases pútridos, por esta razón, los que mueren ahogados ascienden a la superficie.

Durante los primeros 15 días el cadáver tiene un aspecto repulsivo al tener numerosas partes del cuerpo, como la cara, hinchadas, los glóbulos oculares salidos, caída de las uñas y el pelo, etc.

Después de dos semanas la piel se desprende del cuerpo hasta que en 4 o 5 años únicamente permanece el esqueleto.

El calor acelera el proceso de putrefacción, por ello, en verano es más precoz que en invierno. Las personas obesas, los niños, los cuerpos ahogados sacados del agua se descomponen más rápidamente. En cambio, los que mueren por hemorragias intensas, por deshidratación, los cuerpos delgados, ancianos y los que se mantienen bajo el agua, se retrasa este proceso.