21 Gramos

alma

El Doctor en Medicina Duncan MacDougall, de Haverhill, Massachussets, en el año 1901,   realizó experimentos que consistían en transportar a enfermos que estaban a punto de morir a una balanza de tamaño industrial para pesarles antes y después de su muerte. Concretamente, cuatro enfermos por tuberculosis, uno por diabetes y otro por causas desconocidas.

Sus sujetos de experimentación fueron seis enfermos terminales, de los cuales solo señala su diagnóstico, su sexo, y que se encontraban agonizantes. Cuatro pacientes habían sido diagnosticados como tuberculosos, uno sufría coma diabético y del último no se precisa dato alguno. Cada uno de ellos fue mantenido en observación (garantizándose su comodidad) hasta que sobrevino la muerte. Y los resultados fueron:

  • Paciente N° 1: Según las notas del propio MacDougall: El paciente, agonizante, fue perdiendo peso poco a poco a un ritmo de 28,35 gramos por hora debido a la evaporación de la humedad a través de la respiración y la evaporación del sudor. Durante las tres horas y cuarenta minutos que duró el proceso mantuve el final del astil de la balanza un poco por encima del punto de equilibrio y cerca de la barra limitante superior para que la prueba fuera más concluyente en caso de que se produjera la muerte. Transcurridas tres horas con cuarenta minutos, el paciente expiró y, de golpe y coincidiendo con la muerte, el final de astil bajó y golpeó de forma audible la barra limitante inferior y permaneció allí sin rebotar. La pérdida de peso se estableció en 21,26 gramos.
  • Paciente N° 2: pérdida de 45,84 gramos en los dieciocho minutos que transcurrieron desde el cese de la respiración hasta que estuvieron seguros de su muerte”.
  • Paciente N° 3: pérdida de 14,22 gramos coincidiendo con la muerte, y una pérdida adicional de 28,43 gramos pocos minutos más tarde, 42,65 gramos en total.
  • Paciente N° 4: MacDougall consideró esta prueba no tenía valor, debido a que la balanza no pudo ser bien ajustada por la interferencia de personas opuestas a su trabajo.
  • Paciente N° 5: en este caso, se registró una pérdida inicial de 10,66 gramos simultáneamente con la muerte, pero luego el fiel de la balanza regresó espontáneamente a su posición inicial y se mantuvo allí durante quince minutos a pesar de retirar los pesos.
  • Paciente N° 6: esta prueba también resultó invalidada al fallecer el paciente antes de que la balanza fuera calibrada.

Duncan-MacDougall

MacDougall también efectuó un experimento control. El doctor solicitó 15 perros moribundos pero al no poder conseguirlos decidió envenenar a 15 perros sanos, para pesarlos en el momento de la muerte, pero descubrió que su muerte no implicaba ninguna pérdida de peso, lo que supuso que los animales no tenían alma.

Los resultados de Macdougall fueron publicados en el New York Times de 1907, generando mucha aceptación del público. Pero, ¿Realmente es el alma lo que perdemos al morir?

Es posible sospechar en la pérdida de gas intestinal, pero hubieran sido detectables fácilmente por su volumen o del aire pulmonar pero MacDougall comprobó que las inspiraciones y espiraciones forzadas no alteraban el equilibrio de la balanza. Los diferentes fallos que tuvieron lugar en el experimento, fueron:

  • Excasa descripción general del procedimiento y de los datos de los pacientes.
  • No se definió un criterio para definir cuál era el momento exacto de la muerte. Como ocurrió con el paciente nº2 que a pesar de dejar de respirar aparentemente continuó teniendo espasmos durante 15 minutos, cuando este tiempo pasó se comprobó la ausencia de latidos cardíacos.
  • No se establece un límite fijo para comprobar la pérdida de peso, ya que, en algunos caso la pérdida de peso es instantánea y en otras ocurre pasados unos minutos.
  • La balanza no era adecuada para comprobar pesos de bajo nivel.
  • Incluso MacDougall reconoce que se requiere una mayor cantidad de experimentos.

Por si esto fuera poco, el físico Augustus P. Clarke ya destripó el artículo de MacDougall en su día, aportando hipótesis más sólidas a ese decremento del peso del muerto, Clarke señaló que:

En el momento de la muerte se produce un repentino incremento de la temperatura corporal debido a que los pulmones dejan de enfriar la sangre y que el consecuente incremento de la sudoración podría explicar fácilmente los 21 gramos de menos de MacDougall. Clarke también apuntó que los perros carecen de glándulas sudoríparas (de ahí el incesante jadeo) y por eso no es de extrañar que su peso no sufriera ningún cambio súbito al morir. En consecuencia, los resultados de MacDougall fueron relegados al montón de curiosidades científicas consideradas “casi con toda seguridad falsas”.

En conclusión los “21 gramos” quedan reducidos a una leyenda basada en un experimento mal hecho, que hasta la fecha nadie parece ansioso de repetir.

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